CAPITULO 3

HOMEOSTASIS: INTELIGENCIA BIOLÓGICA
TEORÍA TERMODINÁMICA DE LA INTELIGENCIA
INTRODUCCIÓN

CAPÍTULO 1.- Energía, entropía y autoorganización.

CAPÍTULO 2.- Sistemas abiertos y sistemas vivos.

CAPÍTULO 3.- Homeostasis: Inteligencia biológica.


CAPÍTULO 4.- Información y redes neuronales.

CAPÍTULO 5.- Razón e intuición.

CAPÍTULO 6.- Culturas emocionales y culturas racionales.

CONCLUSIÓN

BIBLIOGRAFÍA
Ir a Capítulo 4: INFORMACIÓN Y REDES NEURONALES
  La capacidad de los seres vivos para mantener el equilibrio interno de sus funciones y elementos químicos ha sido uno de los hechos más sorprendentes descubiertos por los fisiólogos. En 1865 Claude Bernard escribió, en su Introducción a la Medicina Experimental, que la “permanencia estable del medio interno es la condición esencial para la vida”. En aquellos tiempos aún no existía un concepto que encadenara de manera conjunta los mecanismos que afectan a la regulación del cuerpo. El primero en crear dicho concepto fue el fisiólogo norteamericano Walter Cannon. En 1932, impresionado por la “sabiduría del cuerpo” capaz de garantizar con tal eficiencia el control del equilibrio fisiológico, Cannon acuñó la palabra homeostasis, derivada de las palabras griegas homeo, que significa “mismo”, y estasis, “estado” o “posición”. Homeostasis significa, pues, “permanecer en el mismo estado” por medio de pequeños cambios.


   Un sistema abierto que se regula homeostáticamente reacciona a cada cambio en el medio ambiente, o a cada suceso que le perturbe, por medio de una serie de modificaciones
de igual energía pero de dirección contraria a aquellas que crearon la perturbación. Dichas modificaciones son suficientes para mantener el equilibrio inestable de las complejas relaciones entre los elementos internos.


   Es fácil ilustrar el fenómeno de la homeostasis con ejemplos de otros sistemas inestables, como el artista de circo sobre un monociclo, el famoso ”gigante” sobre zancos o la foca con el balón sobre su nariz, todos ellos realizando pequeños movimientos “homeostáticos” para conservar el equilibrio. Al igual que en estos ejemplos, el equilibrio parece mucho más firme de lo que parece, pero una vez que la inestabilidad traspasa ciertos límites, es imposible devolverlo “a la vida”.

   Definición de Inteligencia:

   Desde un punto de vista meramente termodinámico, se puede definir
inteligencia como el proceso de auto-regulación necesario para mantener el equilibrio termodinámico de un sistema (reduciendo la incertidumbre interna o entropía).

   Termodinámicamente, pues, Energía e Información son equivalentes. De hecho, el término entropía se conoce también en cibernética como el grado de orden interno de un sistema, o lo que es lo mismo, la cantidad de información necesaria para definirlo. Cuanto mayor es el grado de desorden, más cantidad de información se necesita para definirlo, y por tanto, mayor es su entropía.

   Decíamos más arriba que los animales han desarrollado la capacidad de auto-regenerarse y de mantener su inestabilidad interna, necesaria para el constante flujo de energía del que obtienen su pequeño botín energético. Pero tal vez esto sea un punto de vista demasiado antropocéntrico. Dado que la homeostasis es un fenómeno presente en
todos los seres vivos (incluso en los virus, cuyas mutaciones los mantienen activos indefinidamente), la Vida y la Inteligencia son por tanto inseparables. Podría considerarse incluso la posibilidad de que Autoorganización y Vida fueran consecuencia de una ley universal (un principio inteligente homeostático) actuando sobre la materia inerte. Pero esto es ya pura especulación.
  Un ser vivo es, siempre desde el punto de vista termodinámico, un sistema abierto en el que tiene lugar el fenómeno regulador homeostático, el cual (siendo consecuentes con la definición de inteligencia) se puede considerar como una  verdadera inteligencia biológica: la capacidad de mantener las constantes físicas y químicas del organismo dentro de unos parámetros en los cuales éste pueda seguir viviendo. Todos los procesos fisiológicos participan en la regulación homeostática: la respiración, la digestión, el metabolismo, etc. Podemos considerarla como una regulación directa, ya que los recursos empleados por los órganos reguladores se encuentran en contacto directo con los recursos necesarios para llevarla a cabo (aire, agua, sales, compuestos orgánicos, etc). Por supuesto, este tipo de regulación está presente en todos los seres vivos, desde los protozoos hasta los primates.
  Los seres más complejos, sin embargo, tienen necesidad de encontrar nutrientes específicos que no pueden ser adquiridos por contacto con el medio externo o por mera casualidad al tropezar con ellos. Precisan entonces de un sistema complementario que actúe como agente entre el medio interno y las condiciones existentes en el medio externo. Este sistema les permitirá, además, evitar depredadores ó competidores, emparejarse, o bien detectar con antelación condiciones climáticas extremas antes de que estas alcancen niveles insostenibles para el medio interno. Este sofisticado sistema de detección estará dotado de órganos especializados para las diferentes formas de energía física y química que interesen al medio interno (ojos, oídos, olfato, gusto, tacto). Estas “ventanas” al exterior estarán conectadas con el medio interno por un sistema de comunicación eficaz que informará a un centro receptor y coordinador (cerebro y sistema nervioso). Este interpretará la información proveniente del exterior y evaluará su posible interés biológico, para seguidamente poner en marcha los mecanismos apropiados para cada situación (aparato locomotor, etc.). La experiencia adquirida se registrará en áreas especializadas de memoria que, por un lado, filtrarán la información recibida, y por otro especializarán la conducta de respuesta. El centro coordinador de la información precisará, por tanto, tener conexiones con los órganos internos para percibir las señales homeostáticas que indiquen la conveniencia positiva o negativa de la información procesada. Así es como básicamente funciona el sistema nervioso en todos los animales, aunque morfológicamente exista en la Naturaleza una diversidad prácticamente inagotable.
  Resulta interesante comparar el esquema de funcionamiento del sistema de regulación homeostático con el de un ordenador digital:
(c) 2003 Miguel J. Becerril
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