En el gráfico anterior se puede apreciar, muy esquemáticamente, que una red neuronal es un sistema abierto donde la información (potencial bioeléctrico) fluye continuamente. Las redes neuronales son sistemas especializados que tienen márgenes de funcionamiento muy estrechos, y precisan de un vasto sistema de apoyo para evitar su deterioro y asegurar su buen funcionamiento: alto riego sanguíneo para proporcionar oxígeno y estabilizar la temperatura, elementos químicos para reparar o crear estructuras, protección contra impactos, etc.
En resumen, las funciones del sistema nervioso de un ser vivo son básicamente tres: integrar la información que llega del medio externo con las señales provenientes del medio interno, “tomar decisiones” una vez evaluada la información, y desencadenar la acción correspondiente a la conveniencia de los sistemas de regulación homeostática. Durante este proceso queda en el circuito un rastro de memoria que será de utilidad en circunstancias similares, especializando y optimizando la respuesta para una acción lo más eficaz posible (mínimo gasto/máximo aprovechamiento).
Es importante destacar que la toma de decisiones es un proceso en el que aparece, a falta de otro concepto, el llamado “elemento de conciencia” o “elemento de decisión”. No se sabe aún qué es exactamente conciencia, pero fisiológicamente podría consistir en un efecto sinérgico de la energía bioeléctrica concentrada en determinados núcleos neuronales. La conciencia sería entonces un punto virtual donde confluyen los circuitos bioeléctricos del ser vivo en un momento dado como paso previo a la acción. No podemos saberlo aún con certeza, como tampoco podemos saber cómo y por qué ocurre el efecto homeostático o la autoorganización previa a la aparición del fenómeno vida. Lo que desde luego parece incontestable es que los tres fenómenos (vida, consciencia e inteligencia), en sus correspondientes niveles de complejidad, aparecen inseparables en los seres vivos. |