CAPITULO 5

RAZÓN E INTUICIÓN
TEORÍA TERMODINÁMICA DE LA INTELIGENCIA
INTRODUCCIÓN

CAPÍTULO 1.- Energía, entropía y autoorganización.

CAPITULO 2.- Sistemas abiertos y sistemas vivos.

CAPÍTULO 3.- Homeostasis: Inteligencia biológica


CAPÍTULO 4.- Información y redes neuronales

CAPÍTULO 5.- Razón e intuición.

CAPÍTULO 6.- Culturas emocionales y culturas racionales.

CONCLUSIÓN

BIBLIOGRAFÍA

   La experiencia de fisiólogos, psicólogos y psiquiatras ha demostrado que el cerebro humano tiene dos modos de funcionamiento alternativos y complementarios. Estos modos de funcionamiento han sido identificados con las regiones cerebrales que intervienen en determinadas funciones. De esta forma, el hemisferio izquierdo del cerebro se identifica con un modo racional, que se caracteriza por unas funciones en las que la información se procesa de una manera secuencial, facilitando los desarrollos verbales, lógico-matemáticos y otros en las que el tiempo y el espacio aparecen en forma lineal (ver nota 1). El hemisferio derecho, sin embargo, integra funciones que procesan la información de una forma más simultánea, dando lugar a un modo intuitivo en el que sus estados de ánimo se caracterizan por percibir el tiempo como  un “ahora” permanente, tener una buena orientación espacial y mostrar habilidad para la percepción y reconocimiento de formas.

   En el siguiente cuadro Ehrenwald (1984:16) resume las características de ambos modos cerebrales.
  En esta figura se ilustra simbólicamente lo anteriormente descrito: el hemisferio izquierdo integra principalmente funciones de pensamiento secuencial, mientras que el derecho alberga funciones en la que prima la simultaneidad en la percepción de la información. Esta bipolaridad condiciona decisivamente la forma en que percibimos el mundo, y que por tanto este nos parezca a menudo contradictorio. Estas contradicciones son insalvables para muchos individuos que, por circunstancias diversas, eligen como referente de su realidad una de las dos formas de percepción inteligente. En los casos más extremos encontramos los fanatismos, tanto racionalistas y científicos como religiosos y filosóficos.
  En realidad, las dos formas de inteligencia son incompletas y se necesitan mutuamente para completar todos los aspectos de la verdad que pretenden conocer. Así, si un individuo quiere conocer todo sobre el Sol, puede estudiar los datos científicos disponibles que han sido recogidos por instrumentos fabricados dentro del esquema racionalista. Pero su conocimiento no estará verdaderamente completo si no experimenta la sensación subjetiva de los rayos solares sobre su piel, en sus ojos, etc. Es decir, sería un conocimiento sin significado biológico. Si no se aportara esta información, el concepto “sol” no tendría un sentido real en la conciencia. De la misma manera, la mera experiencia de percibir sensorialmente el Sol no aporta la información suficiente para conocerlo completamente. Ambos “conocimientos” se complementan y dan sentido mutuamente.
  Es importante señalar que la inteligencia emocional, debido a la naturaleza sensorial de la información que procesa, capta enseguida las interrelaciones del mundo físico, a diferencia de la mente racional, la cual ha tenido que desarrollar todo un sistema de relaciones lógicas y de datos contrastados para confirmar y consolidar su conocimiento. De esta forma, leyes naturales sintetizadas hace relativamente poco tiempo habían sido conceptualizadas mucho antes por la mente emocional. Por ejemplo, los principios físicos de acción y reacción de los que Newton desarrolló las leyes que llevan su nombre, ya habían sido sintetizados y expresados por la inteligencia emocional desde antiguo. Tenemos testimonio de ello en los registros de pueblos antiguos en los que se establece la reciprocidad (“ojo por ojo, diente por diente”) como medida de justicia. Es, además, un principio que está presente en la regulación homeostática del organismo (ver capítulo 3, segundo párrafo). Una ley, pues, que casi se puede sentir.

   Si es cierto que la inteligencia emocional es capaz de sintetizar conceptos sobre la realidad mucho antes de que la mente racional dé con la fórmula apropiada para expresarlas, debe haber otras leyes físicas expresadas de forma no científica en los registros filosóficos. Si las Leyes de Newton (y todas las concepciones deterministas y cartesianas que derivaron de ellas) han sido en cierto modo superadas y mejoradas por la Teoría de la Relatividad y la Mecánica Cuántica, tal vez podamos encontrar su equivalencia en el lado filosófico. La doctrina cristiana, por ejemplo, verbaliza de manera extraordinariamente clara los conceptos que tanto la Teoría de la Relatividad como Mecánica Cuántica expresan de una manera más fría e incomprensible para los poco iniciados.

   Jesucristo resumió en dos frases toda su doctrina, que por cierto ya había sido declarada también por Moisés:

1) “...Amarás a Jehová tu Dios de todo corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.” (Deut. 6:5, Mt. 22:37)

   En esta frase se pone de manifiesto que Dios es la referencia máxima absoluta para el hombre.

2) “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. (Deut.19:18, Mt 22:39).

   Esta frase explica que, en principio “todos, como uno mismo, son buenos para Dios”, y por tanto dignos de ser amados.

   Para la inteligencia emocional, la luz ha sido siempre un concepto asociado a la divinidad. No es de extrañar, por tanto que la luz (su velocidad) sea la referencia absoluta para las Leyes Relativistas.
  Por otro lado, el segundo principio cristiano de amar al prójimo como a uno mismo encierra una semejanza indudable con el enunciado del postulado de la Teoría de la Relatividad particular o restringida: “Todos los sistemas de coordenadas gaussianas son esencialmente equivalentes para la formulación de las leyes generales de la Naturaleza”. En otras palabras, cualquier sistema, independientemente de su movimiento o situación respecto a otros sistemas, es absolutamente válido para que se cumplan en él todas las leyes de la Naturaleza. En términos sociológicos, todos somos en principio igualmente aptos para percibir la verdad y sus leyes, o como lo expresaría el hemisferio derecho, “Dios no hace acepción de personas”.

   En cualquier cultura antigua podemos encontrar ejemplos de la capacidad del hemisferio derecho para sintetizar verbalmente las fuerzas y leyes existentes en el Universo. Un ejemplo clásico es el
Yinn y el Yang de la  filosofía Zen, en los que tanto la Entropía como la Contraentropía están simbólicamente representadas como las fuerzas del Bien y del Mal, de Vida y de Muerte, de Luz y de Oscuridad.

   Aún siendo casos especialmente importantes, sin duda podemos encontrar otras correspondencias semejantes entre conceptos establecidos en la mente emocional y otros sintetizados por la mente racional. De hecho podrían escribirse muchas páginas sobre este tema y sus implicaciones, pero no es el propósito del presente trabajo. Valgan los casos citados como ejemplos suficientes para ilustrar la cuestión.

   Podemos hablar, entonces, de
dos tipos de inteligencia: Una racional, de reciente aparición en la escala de tiempo, en la que la información procesada está compuesta por conceptos abstractos, símbolos y códigos. Y otra intuitiva, más antigua y digamos “primitiva”, que llamaremos emocional, en que la información sensorial procedente tanto del medio interno como del externo se integran para dar al individuo un sentido de comprensión del mundo.
   Desde el punto de vista termodinámico, el comportamiento de ambas inteligencias es similar a sistemas abiertos entrópicos y contraentrópicos, respectivamente:
  Según la Segunda Ley de Termodinámica, todos los sistemas tienden a su entropía máxima. Los seres vivos son sistemas que “aprovechan” esta ley para obtener energía de la degradación de otros sistemas, apoyándose en un precario equilibrio inestable, pero suficientemente firme como para permitir su existencia durante un tiempo indefinido. Los seres vivos más sencillos encuentran sus nutrientes al azar y por contacto directo, mientras los más complejos necesitan un sistema más sofisticado de orientación y detección del entorno. En los seres superiores, la inteligencia biológica u homeostasis se vale del sistema nervioso para sus fines.

   En los seres humanos, y muy probablemente en otras especies cercanas fisiológicamente, parte del sistema nervioso (principalmente el hemisferio izquierdo) se especializa para abstraer información sensorial y formar núcleos de información con significados homeostáticos importantes. Durante miles de años estos núcleos de información significativa han dado lugar a
conceptos que pueden ser asociados para formar mensajes, códigos, lenguajes, teoremas y otras construcciones. Estos conceptos tienen siempre, sin excepción, un significado asociado a una experiencia sensorial (interna, externa o mixta). Piense, por ejemplo, en la palabra “naranja”. Es un fonema simbólico que tiene múltiples significados asociados con experiencias sensoriales. La unión de esta palabra con otras irá precisando y concretando el significado que quiere expresar: forma, color, sabor, olor, tamaño, etc.

   La facultad “nueva” de la mente racional es que puede relacionar conceptos simbólicos o abstractos simples para crear otros más complejos. Esta capacidad convierte al cerebro en una “máquina virtual”, un ordenador digital capaz de combinar información y relacionar significados.  Las ventajas son innumerables, ya que aumentan exponencialmente las probabilidades de creación de tácticas y estrategias de supervivencia, nutrición, protección, etc.- La capacidad de relacionar secuencialmente los núcleos de información parece implicar un sentido de tiempo que no aparece en la mente emocional, alojado en un limbo sin conciencia clara del tiempo: O bien son ciclos que se repiten, o todo el tiempo está presente de una vez, sin principio ni fin.

   La mente racional, sin embargo, conlleva también algunos inconvenientes. Según la 2ª Ley Termodinámica, todo trabajo aumenta la entropía del sistema. Cuando el cerebro funciona en “modo racional”, el consumo de potencial bioeléctrico y el desgaste consiguiente supone un esfuerzo mucho mayor para la regulación homeostática que cuando funciona en un modo emocional. 

   Hay también riesgos adicionales en cuanto a la salud general del organismo. Cuando el potencial de los núcleos de información o conceptos se cuantifica por encima de determinados límites, (por ejemplo, en estados de estrés causados por angustia o incertidumbre, o cuando retrasa intencionadamente las funciones vitales de sueño o alimentación, por no mencionar las drogas) se producen interferencias en los circuitos homeostáticos internos, y consecuentemente trastornos funcionales que facilitan la aparición de úlceras, cáncer y otras enfermedades psicosomáticas.

   Existe también el fenómeno llamado “autismo de las ideas” por el que los núcleos de información pueden evocar automáticamente en la consciencia información no buscada, y que debido a las conexiones neuronales creadas por experiencias pasadas, aparecen como
condicionamientos o pensamientos reflejos. Este fenómeno puede crear importantes alteraciones de la conducta cuando escapa al control consciente. El mero hecho de unir palabras como “naranja” y, por ejemplo “mecánica”, suscita ya en la mente una imparable sucesión de evocaciones para los que han visto la obra cinematográfica de Kubrick.
  Otra característica importante de la forma racional de pensamiento es su limitada capacidad en el procesamiento de la información. Sólo puede trabajar con información abstracta, organizada de una determinada manera (sistemas contables, proyectos de ingeniería, etc.). Es del todo incapaz de integrar en sus cálculos sentimientos, emociones, preocupaciones, estados de ánimo. A la mente racional simplemente le es imposible considerar los efectos colaterales a largo plazo, en el medio ambiente o en el espíritu de las personas, de sus proyectos y actividades. El resto de las especies no parecen tener tan desarrollada la capacidad verbal, y tampoco han desarrollado la facultad racional. Han vivido cientos de millones de años resolviendo sus problemas de una manera no racional, pero desde luego mucho más eficaz desde el punto de vista biológico y ecológico. Una sola muestra: la ingeniería de un país europeo decidió que las curvas y revueltas del curso bajo de un gran río eran un dificultad innecesaria para el transporte fluvial de mercancías. Mediante grandes obras se suprimieron varios meandros sustituyéndolos por un canal recto que ahorraba tiempo de transporte. El resultado fue que durante el periodo de lluvias el río se desbordó, al tener mucha menos longitud de cauce para la misma cantidad de agua, causando pérdidas desastrosas.

   En resumen, la mente racional o entrópica es una herramienta muy útil y poderosa, pero potencialmente perjudicial para la salud física y mental del individuo, y en general de toda la sociedad, si no se mantiene dentro de unos límites de funcionamiento marcados por la sabiduría milenaria que rige en los principios del equilibrio homeostático. Es decir, la sabiduría de la inteligencia biológica.
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(c) 2003 Miguel J. Becerril
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(ver nota 2)
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