| TEORIA TERMODINÁMICA DE LA INTELIGENCIA | |||||||||||||||||||||||||||
| INTRODUCCIÓN | |||||||||||||||||||||||||||
| INTRODUCCIÓN CAPÍTULO 1.- Energía, entropía y autoorganización. CAPÍTULO 2.- Sistemas abiertos y sistemas vivos. CAPÍTULO 3.- Homeostasis: Inteligencia biológica. CAPÍTULO 4.- Información y redes neuronales. CAPÍTULO 5.- Razón e intuición. CAPÍTULO 6.- Culturas emocionales y culturas racionales. CONCLUSIÓN BIBLIOGRAFÍA |
A pesar de los extraordinarios avances científicos de las últimas décadas, existen todavía áreas del conocimiento que, por su carácter abstracto y subjetivo, plantean preguntas a las que es difícil dar una respuesta definitiva y racional. Una de las áreas donde la investigación halla más dificultades es precisamente la inteligencia: la herramienta virtual que nos ha servido para componer y organizar un vasto conocimiento del mundo en que vivimos, pero que a la hora de conocerse a sí misma se muestra torpe e insegura. | ||||||||||||||||||||||||||
| La evolución de la tecnología durante el siglo XX ha producido máquinas capaces de simular procedimientos de cálculo y comportamientos similares a los de los seres humanos, llevando las investigaciones hasta límites que nos hacen reflexionar sobre la propia esencia de la inteligencia, la vida y la conciencia. Estas son ya vistas como facultades potencialmente reproducibles por sistemas electrónicos. El desarrollo de la llamada inteligencia artificial se apoya en dos aspectos fundamentales: la capacidad de almacenaje de datos (memoria) y la capacidad de aprendizaje mediante el desarrollo de nuevas técnicas de captación y proceso de la información. En este sentido, hay ordenadores capaces de procesar muchos millones de instrucciones por segundo y almacenar una ingente cantidad de datos. El mayor exponente de los desarrollos basados puramente en capacidad de memoria son los ordenadores Deep Blue y sucesores, capaces de derrotar a los mejores maestros de ajedrez. También se han diseñado programas para simular comportamiento de colonias de seres vivos virtuales. En el terreno de la conciencia, hay programas que pueden conversar con una persona sin que ésta pueda sospechar que realmente está hablando con una máquina. | |||||||||||||||||||||||||||
| SALIR | |||||||||||||||||||||||||||
| En definitiva, los estudios actuales sobre la inteligencia se basan más en un desarrollo de la tecnología informática (en un afán mimético e imitador muy asentado en nuestra cultura, para crear máquinas que ayuden al hombre sustituyéndole en cualquier trabajo imaginable), que en una comprensión más amplia de lo que el fenómeno inteligente implica en sí. Por ejemplo, la inteligencia implica también creatividad, la cual estriba en explorar posibilidades nuevas no previstas o programadas de antemano. El determinismo de los programas informáticos, donde por definición no existe ambigüedad o incertidumbre, hace muy difícil simular la capacidad creativa. Sorprendentemente, la aleatoriedad, el caos y la incertidumbre del entorno biológico se consideran ya aspectos básicos en la construcción de la función inteligente. | |||||||||||||||||||||||||||
| El presente trabajo pretende abordar el estudio de la inteligencia no tanto desde el enfoque pragmático de la tecnología aplicada, sino desde una perspectiva más amplia y novedosa: La inteligencia como resultado de las sinergias fisiológicas que incorpora todo ser vivo. Evitando en lo posible las fórmulas y temas especializados que nos apartarían de dicha perspectiva, estudiaremos los principios termodinámicos aplicados a sistemas abiertos autoorganizativos, los cuales, siendo el soporte físico de la Vida, y por tanto denominador común de la Inteligencia, tal vez puedan enseñarnos algo sobre la naturaleza de ésta. Más concretamente, trataremos de desmitificar definitivamente la inteligencia como atributo exclusivamente humano y presentarla como una característica general y esencial de todos los seres vivos. Claro está que la inteligencia se manifiesta de manera distinta en cada especie y en cada individuo, pero no por ello se debe caer en el error (poco inteligente, por otro lado) de llamar a las cosas de una manera distinta de lo que son. Una vez establecido que la inteligencia racional es una forma especializada de la inteligencia natural o biológica, analizaremos las repercusiones que dicha perspectiva proyecta sobre la realidad emocional, social y espiritual del Hombre. | |||||||||||||||||||||||||||
| Para emprender cualquier estudio se debe primero definir aquello que se quiere estudiar, delimitar el área de trabajo. Esto es relativamente fácil cuando se trata de un objeto inerte, una especie animal, o incluso de un fenómeno social. Pero la inteligencia es precisamente el medio que utilizamos para definir: Es la mano con la que nombramos y rotulamos las cosas del mundo; pero ¿cómo se rotula la mano a sí misma? ¿Qué criterio de objetividad es el más correcto? | |||||||||||||||||||||||||||
| Puede que haya miles de definiciones de inteligencia, seguramente una por cada individuo que se ha propuesto definirla. Muchas definiciones metafóricas son sin duda hermosas o ingeniosas, pero resultan inservibles para entender la naturaleza escurridiza y aparentemente mágica de esta facultad. Desde un punto de vista científico, sin embargo, deberíamos atenernos a una definición en la que fuera posible incluir parámetros mensurables como espacio, tiempo y energía. Nos decidimos, pues, a definir inteligencia como la capacidad de un organismo o sistema para alcanzar un objetivo, salvar un obstáculo ó solventar una necesidad, de la manera más eficaz en términos de tiempo y energía empleados. | |||||||||||||||||||||||||||
| Si la inteligencia es una facultad exclusivamente humana, ¿cómo es que el mundo se ha desenvuelto tan inteligentemente durante miles de millones de años? ¿Tiene la inteligencia otras formas de operar, además del modo, digamos, racional? ¿De qué hablamos, en realidad, cuando hablamos de inteligencia? |
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| (c) 2003 Miguel J. Becerril |
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